lunes, 5 de mayo de 2008

Espacio presenta a Lalo Kada

Por comunicacionjinotepe@gmail.com

Lalo no se bañó el sábado. Aún así, esa mañana fue a comprar un chicle a la venta donde doña Tutti Fruti usando sus chinelas emplumadas. En el camino de su casa a la pulpería, se llenó la chinela con la mierda de un perro. Se acordó que en la casa estaba su papa… y sintió miedo después de la cachimbeada del día anterior cuando lo vió maquillándose. Mejor, Lalo empezó su travesía hacia ese ansiado chicle oliendo a heces, impregnando el ambiente con el hedor. Dos señoras se le corrieron, aun no supo si por gay o por el tufo, sinceramente, no le importó, me dijo.

Cuando llegó a la venta, doña Tutti Fruti le preguntó que qué quería con su singular acento. Tenía unos meses de haber regresado a Nicaragua, después de 15 años trabajando como empleada para mantener a Wilfredo, quien también era un hombre homosexual asumido. Doña Tutti sacó el chicle, se lo dió a Lalo, Lalo sacó los cinco riales del short, se sonrieron, a Lalo se le cayó la moneda, se agachó, se dio contra la verja, se llevó la mano a la frente, se levantó, le dio la moneda a la señora y cuando se dio vuelta se encontró con su sueño hecho realidad.

Al voltear, Lalo se encontró a un hombre de unos 25 años de edad, alto, “pompiado”, velludo, con labios carnosos y una intensa mirada. Fue amor a primera vista. Así, Wilfredo reconoció a Lalo y lo saludó con un beso en la mejilla. Lalo, boquiabierto, aun se preguntaba quien era aquel “machote” que lo había saludado de manera tan efusiva.

- ¡Ideay Lalo! ¿No pensás saludarme? Soy Wilfredo… tu ex.
- Uhm, ah, este, y entonces Wilfredo?
- ¿Ahora me tratas de Wilfredo? ¿Ya no soy tu “cosito”?
- (Sonrisas) Ahora sos mi cosota.

Quedaron para verse en la noche en la casa de una amiga para luego irse de fiesta a la disco en Managua. Una vez en la casa de la Lesbia, se fueron al cuarto a alistarse. Wilfredo sacó de su bolso una afeitadora y podó los vellos de su pecho y piernas. Al instante, se entalcó y se metió en el vestido púrpura. Lalo Kada, el mismo que andaba con sus chinelas marca Emplumadas, la última moda en forma y estilo, sacó su jeans, sus converse, una camiseta abercrombie y su reloj. Cuando se vieron, se dieron un abrazo y se dispusieron a maquillarse. Lalo le aplicó base, polvo, sombras, blush, mascara y brillo en los labios. Él, se aplicó chapstick, lo que su papá pensó era pintura. Por eso le pegó. Se fueron a la fiesta, bailaron y se divirtieron.

Una semana después, Wilfredo ya no se fue al otro país a trabajar. Lalo habló con su familia sobre su homosexualidad y lo corrieron. Al final no quedan juntos, la vida sería demasiado perfecta. Hoy, son los mejores amigos y se cuentan sobre sus novios. Lalo siempre camina con su frente en alto, con su novio de la mano, buscando trabajo, y más enamorado que nunca. Por cierto, ya vengo, voy a limpiar mi zapato.

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lunes, 5 de mayo de 2008

Espacio presenta a Lalo Kada

Por comunicacionjinotepe@gmail.com

Lalo no se bañó el sábado. Aún así, esa mañana fue a comprar un chicle a la venta donde doña Tutti Fruti usando sus chinelas emplumadas. En el camino de su casa a la pulpería, se llenó la chinela con la mierda de un perro. Se acordó que en la casa estaba su papa… y sintió miedo después de la cachimbeada del día anterior cuando lo vió maquillándose. Mejor, Lalo empezó su travesía hacia ese ansiado chicle oliendo a heces, impregnando el ambiente con el hedor. Dos señoras se le corrieron, aun no supo si por gay o por el tufo, sinceramente, no le importó, me dijo.

Cuando llegó a la venta, doña Tutti Fruti le preguntó que qué quería con su singular acento. Tenía unos meses de haber regresado a Nicaragua, después de 15 años trabajando como empleada para mantener a Wilfredo, quien también era un hombre homosexual asumido. Doña Tutti sacó el chicle, se lo dió a Lalo, Lalo sacó los cinco riales del short, se sonrieron, a Lalo se le cayó la moneda, se agachó, se dio contra la verja, se llevó la mano a la frente, se levantó, le dio la moneda a la señora y cuando se dio vuelta se encontró con su sueño hecho realidad.

Al voltear, Lalo se encontró a un hombre de unos 25 años de edad, alto, “pompiado”, velludo, con labios carnosos y una intensa mirada. Fue amor a primera vista. Así, Wilfredo reconoció a Lalo y lo saludó con un beso en la mejilla. Lalo, boquiabierto, aun se preguntaba quien era aquel “machote” que lo había saludado de manera tan efusiva.

- ¡Ideay Lalo! ¿No pensás saludarme? Soy Wilfredo… tu ex.
- Uhm, ah, este, y entonces Wilfredo?
- ¿Ahora me tratas de Wilfredo? ¿Ya no soy tu “cosito”?
- (Sonrisas) Ahora sos mi cosota.

Quedaron para verse en la noche en la casa de una amiga para luego irse de fiesta a la disco en Managua. Una vez en la casa de la Lesbia, se fueron al cuarto a alistarse. Wilfredo sacó de su bolso una afeitadora y podó los vellos de su pecho y piernas. Al instante, se entalcó y se metió en el vestido púrpura. Lalo Kada, el mismo que andaba con sus chinelas marca Emplumadas, la última moda en forma y estilo, sacó su jeans, sus converse, una camiseta abercrombie y su reloj. Cuando se vieron, se dieron un abrazo y se dispusieron a maquillarse. Lalo le aplicó base, polvo, sombras, blush, mascara y brillo en los labios. Él, se aplicó chapstick, lo que su papá pensó era pintura. Por eso le pegó. Se fueron a la fiesta, bailaron y se divirtieron.

Una semana después, Wilfredo ya no se fue al otro país a trabajar. Lalo habló con su familia sobre su homosexualidad y lo corrieron. Al final no quedan juntos, la vida sería demasiado perfecta. Hoy, son los mejores amigos y se cuentan sobre sus novios. Lalo siempre camina con su frente en alto, con su novio de la mano, buscando trabajo, y más enamorado que nunca. Por cierto, ya vengo, voy a limpiar mi zapato.

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